Todo el teatro para todos
por Isaías Peña Gutiérrez
Tomado del libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)
Dicen algunos que la demolición del famoso Teatro Municipal, en 1952, significó un profundo golpe para la tradición teatral de la capital de la república, que más adelante modificó, sólo en parte, la actividad en el Teatro La Comedia, de Chapinero, del dramaturgo Luis Enrique Osorio. bajo el signo de la demolición, de oscuros tintes políticos y culturales, transcurrió la década del 50 en Colombia.
Al arribo de los turbulentos años 60s., de grandes sacudones sociales, en Colombia comenzaron a generarse otros grupos teatrales, entre ellos los universitarios. El teatro del absurdo, el experimental, y los cuestionamientos a la función del director como eje del grupo, coparon la atención del mundo de la escena.
Fue entonces cuando de Argentina llegó a Colombia la Joven actriz, Fanny Mikey. Y comenzó para ella y para nosotros una larga, dura y feliz era de medio siglo, cuyos resultados hoy todos celebramos. Traía Fanny en su haber un arsenal peligroso: disciplina, talento y una vocación infinita por las utopías. Disciplina adquirida en sus estudios teatrales de la Sociedad Hebráica de Buenos Aires, en sus cursos de actuación con Heidy Crilla y Emilio Satanovsky, y en su aprendizaje del rigor de la escuela stanislavskiana; talento de artista y mujer que concibe las metas a partir de proyectos organizacionales integrados a la colectividad; y un ponderado y mágico don por las empresas imposibles, que siempre han resultado ser, en la historia de la humanidad, las más urgentes, vitales e imprescindibles.
La generación de lo artístico y su expansión social a partir de una misma persona, ha sido una ecuación extraña y casi contradictoria. Por eso, crear, programar y proyectar con éxito, hacia la comunidad, una actividad artística, han sido faenas siempre divididas entre varios gestores. Pues, Fanny Mikey, compendio de quimeras, apoyada en tantos nombres que, a su vez, sin ella, tal vez jamás hubieran actuado, lo ha logrado a plenitud en sus 46 años de vida colombianos.
Pero, Fanny, además de actuar como actriz y gerente en el TEC de Cali (1961-1968), donde realizó los legendarios Festivales dt Arte de Cali, de repetir, luego, la misma dosis en el Teatro Popular de Bogotá, TPB (l 969-l 975), y de gestar y fundar con distintos grupos y amigos, el Café Concierto La Gata Caliente (finales del 70), la Fundación Teatro Nacional (1978); la Corporación Festival Iberoamerieano de Teatro de Bogotá (1987-1988); La Casa del Teatro Nacional (1994), y la reciente productora de cine Grupo Colombia Ltda., además de todo lo anterior, Fanny, repito, al mismo tiempo, sin herir ni sindicar a nadie, cultivó y desarrolló criterios dramatúrgicos que con el tiempo se impusieron solos.
La historia del teatro colombiano, al lado de los grandes esfuerzos de los grupos y directores de los años 60-70s., pronto tendrá que señalar cómo aquella mujer rebelde resolvió a favor de la cultura teatral colombiana problemas que empantanaron a otros. Me refiero a aspectos neurálgicos y comunes a todos los grupos, que Fanny Mikey vivió, padeció y se lanzó a solucionar con un aterrador conocimiento de nuestra realidad sociocultural Aspectos que ella, de manera intuitiva o racional, despejaba en la lucha diaria, y que van desde la simple y compleja relación arte-Estado hasta conceptos y categorías como los de lo popular en el teatro, el llamado teatro comercial, la equívoca superficialidad de la comedia musical, el nuevo teatro infantil, la calidad de estables o no de las compañías de teatro, la profesionalización del actor, la elitización o popularización del público. La explicación de cómo Fanny Mikey logró salir avante se debe, en fin, a esa suma de virtudes que a ella la han acompañado como artista, empresaria y extraordinaria mujer Un libro por escribir en el futuro.
Por lo pronto, debemos advertir que con un plan de tipo Ministerio de Cultura, Fanny Mikey puso al teatro todo en función pública, y al público en función de todo el teatro. Todo el teatro para todos, con dignidad. En un gigantesco ciclo educativo, que arranca en las sesiones docentes del Teatro Nacional y culmina en los festivales bienales internacionales de teatro, se han integrado escenarios, talleres y plazas públicas, para remover el fervor de las gentes de todos los estratos sociales que siempre amaron las artes escénicas antes que la violencia y la discordia. Lo popular y lo público se resemantizan, se agigantan, sin que lo estético pierda su esencia.
Ahora, a la comunión escénica llegan todos -incluídos los incrédulos, o los faltos de caridad y Fanny y su descomunal equipo ofician el drama, la comedia, la tragedia, actúan sin distingos de ninguna naturaleza, como era su sueño, en el más bello y espléndido escenario del mundo, en busca de un hombre nuevo, reconciliado, en lo posible, consigo mismo.




