Los 90's

El gran teatro del mundo
por Sandro Romero Rey
Tomado del libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)

"Si pudiera vivir nuevamente mi vida... En la próxima cometería más errores"
Instantes, Borges

Fanny Mikey. Los 60'sY como la nena se aburre, tiene que inventarse cosas. Así fue como en 1986 comenzó a germinar en su cabeza la idea de un Festival de Teatro Iberoamericano en Colombia. Mientras tanto, continuó su trabajo de actriz, con un viejo sueño que, a la postre, se le convirtió en una pesadilla: la versión de La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, bajo la dirección de Ricardo Camacho. En la gira de presentaciones de la pieza, en Cali, (justamente en Cali!) Fanny comenzó a tener principio de parálisis facial y, a pesar de su limitación física, continuó siendo Marguerite Gautier sobre la escena. Gracias a su obstinación, la actriz y el personaje salieron adelante, pero un sabor amargo, más allá de la enfermedad, se quedó en el alma de Fanny; nunca su montaje fue lo suficientemente romántico. Pero su rostro se mantuvo firme y el escenario no se convirtió en un territorio vedado para la actriz que siempre ha sido.

En esta época, Fanny fue invitada al Festival cervantino de Guanajuato y conoció a Ramiro Osorio, colombiano radicado en México, director en la U.N.A.M., de un lugar privilegiado, con siete salas de teatro. Allí, en medio de un espacio escultórico prebispánico, Fanny le lanzó la idea de realizar un Festival de Teatro en Bogotá. A Ramiro le sonó como un buen chiste, pero le tocó guardarse la sonrisa un mes después, cuando Fanny lo invitó a Colombia para que le ayudara con la organización del Primer Festival Iberoamericano de Teatro. Otra vez, el sueño se hizo realidad. Y Ramiro Osorio se mantuvo, como director adjunto, durante los tres primeros Festivales.

El Festival, a pesar de ser mundial, ha conservado la denominación de "Iberoamericano", primero, por seguir la linea del Festival Iberoamericano de Cádiz, tratando de tener un ''Iberoamericano en América". Y segundo, "por agüero", porque así empezó la idea. Y para Fanny, es tan importante el azar como la realidad, tan importante la suerte como el cálculo. Y así se ha quedado. Hoy por hoy, el Festival se acerca a su Décima edición y ha pasado por ser "un acto de fe en Colombia", "los diez días más hermosos del año", "el escenario del mundo". Y siempre ha estado marcado, o por los atentados, o por el terrorismo, o por el apagón, o por el diluvio sin tregua. Este ano... quién sabe cuántos vendavales se junten, pero el Iberoamericano sigue su rumbo porque su existencia se ha convertido en una tabla de salvación para Colombia, en un recreo para tapar los duros días de la vida cotidiana, en un canto de rebeldía contra la intolerancia, la tragedia o el miedo. Fanny, por fortuna, no piensa en las contrariedades, porque, de lo contrario, nunca hubiera seguido adelante. Para ella, levantar estos monumentos impresionantes de la diversión, construir esta torre de Babel de formas y de sueños, es una actividad de optimistas o de místicos Sólo así se explica que las bombas reboten contra los muros, que los grupos de todo el mundo cada vez la apoyen más, que las lluvias contengan su aliento o que el Teatro siempre venza. Así, 1996 llega sobre los hombros de Fanny Mikey como un año más, donde los esfuerzos titánicos forman parte de su vida diaria y, con un puñado mínimo de colaboradores (Manuel José Alvarez, Clarisa Ruiz, Guillermo Restrepo.. y el resto de la pandilla) continúa levantando sus ilusiones inmensas. En cincuenta años, la niña pizpireta enamorada intuitivamente de las tablas, ha pasado por todas las facetas del trabajo escénico, por una gama de roles inmenso, por las faldas férreas de Bernarda Alba, por los ojos tristes de la Loca de Chaillot, por las chanclas agotadas de la Mujer del Domingo, por los sueños cálidos de Shirley Valiente, por las garras tímidas de la Fierecilla Domada. En cincuenta años, Fanny Mikey se ha dejado moldear por muchos directores, los ha calibrado, los ha sentido, los ha amado, los ha respetado.

En cincuenta años, ha inventado teatros, ha levantado grupos, ha criado actores, ha formado técnicos, ha impulsado festivales, ha creado Café-conciertos, ha desfilado entre carcajadas, ha presentado programas de televisión, ha construido salas a pulso. En cincuenta años, Fanny ha sido feliz y ha estado sola, ha tenido miedo y ha derrotado a los necios, ha sido actriz de cine (Tacones, Ilona llega con la lluvia), ha coqueteado con la creación de personajes para la pantalla chica, y ha dirigido sus propias propuestas escénicas (Cartas de Amor, La Muerte y la Doncella). Hoy por hoy, tiene su sala de la 71 y su Teatro de la Castellana, levantado a pulso, pero levantado. Tiene la Casa del Teatro, donde las nuevas generaciones de actores y directores se ponen a prueba ante un público que comienza a nacer. Hoy por hoy, Fanny es Mama Colombia sobre la escena, en compañía del gran Jaime Garzón, es su adorada Shirley, aprende a amar noche tras noche en Escenas para Aprender a Amar de Bergman, con Humberto Dorado y bajo la dirección de Pawel Nowicki. Hoy por hoy, a los cincuenta años, existe el Festival iberoamericano, su euforia, su rigor, su pirotecnia, sus rumbas y sus eventos especiales. Pero, sobre todo, existe el corazón de Fanny Mikey que, como un cazador solitario, continúa palpitando al ritmo de las luces de platea, las cuales descienden felices noche a noche sobre el espectador que tiembla.