Los 60's

La discreta enamorada de Colombia
por Sandro Romero Rey
Tomado del libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)
"Yo para mi papel, hoy tierra en qué vivir te pido..." El Gran teatro del Mundo
Calderón de la Barca
Fanny Mikey. Los 60'sCon sus ahorros, Fanny se compró un apartamento en Arenales y Anchorena. Durante nueve o diez meses, hacía teatro de martes a domingo, hasta las once de la noche. Iba a cenar con sus amigos y allí comenzaban las tertulias en los cafés hasta las seis de la mañana.A esa hora se iba a casa, se bañaba y se iba a trabajar a una fábrica de plásticos hasta la una de la tarde. A la una, regresaba a su apartamento, se hacía un sandwich y se acostaba a dormir hasta las siete de la noche. Y de allí, al camerino. Y de allí al escenario. Este círculo, por supuesto, nunca fue vicioso, porque las representaciones teatrales jamás son iguales y, cada día, el mundo renace y se reinventa en la mágica complicidad de las tablas.
Por aquella época, Fanny, comenzó a trabajar en O.L.A.T., teatro fundado por Jorge Lavelli (quien, hoy por hoy, es el director del Teatro de la Colina, en París). Allí hizo obras como Marido y Mujer de Ugo Betti, entre otras. La mística alrededor de Lavelli era tan brutal, que los actores entregaban hasta la mitad de su sueldo para los montajes. No existían maridos, ni novios, ni nada. Sólo existía la vida, si existía el escenario. Esta regla de oro se mantuvo y Fanny entendió que su trabajo formal en la fábrica y el teatro, no se complementaban. Había que tomar, una vez más, una decisión radical. Y ésta llegó, de nuevo, caída del cielo. Por aquellos días, se creó la Televisión Argentina y Fanny, apasionada y obsesionada por su cuerpo, tuvo la posibilidad de hacer un breve programa en el que dictaba clases de gimnasia para los televidentes. Con este pequeño sueldo, tomó la decisión de abandonar la fábrica y dedicarse de lleno al teatro.
En esa época, comenzaban a destacarse figuras en la Argentina como Juan Carlos Gené (quien ahora dirige el Teatro San Martín), Roberto Durán, o Sergio Renán (director actual del Teatro Colón de Buenos Aires, quien hizo La Tregua en cine). Fanny continuaba su actividad con Lavelli, hasta que Pedro 1. Martínez. volvió a cruzársele en el camino Fanny había tenido un pequeño noviazgo adolescente con Martínez en la época de Hebraica. Este, se había ido para Colombia a trabajar en la naciente televisora nacional, en compañía de Bernardo Romero Lozano y un grupo de actores. Regresó por unos pocos días a Buenos Aires pero, al ver a Fanny actuando en O.L.A.T., la comenzó a recoger a la salida del teatro todos los días. Se quedó una semanita más, una semanita más... y así cumplió cuatro meses. Cuando menos lo pensaron, el uno no podía vivir sin el otro. Pero Pedro debía regresar a Colombia. Así lo hizo. Corría el año cincuenta y nueve y Pedro I., loco enamorado, comenzó a escribirle una carta diaria a Fanny, pintándole una Colombia paradisíaca, una Bogotá de ensueños, donde el teatro y el arte fluían por los poros de cada uno de sus habitantes. Y Fanny cayó en la trampa. Acompañada de sus amigos Boris Roth y Esteban Cabezas, tomó un barco en Valparaíso, divirtió durante once días a los pasajeros de la nave, hasta que, de un momento a otro, se vio depositada en el mágico e inimaginable puerto de Buenaventura.
Una argentina judía, existencialista, amiga de los intelectuales, estudiosa del teatro, habitante de los cafés de Buenos Aires, lectora disciplinada, de repente se encuentra rodeada de negros, de alabaos, de un clima ardiente y húmedo. Y, en medio de todo esto, la figura mojada, flaca, esmirnada, de Pedro I. Martínez. Fanny pensó que estaba en el Africa. Pero no. Era Colombia. De Buenaventura, el puerto, pasó a Buenaventura, el director de teatro. Enrique Buenaventura había vivido en Argentina y era amigo de Pedro I. Vivía en Cali, una ciudad pequeña, capital del Valle del Cauca. Pasaron a saludarlo. Fanny alcanzó a respirar el aire de aquel paraíso, pero no tuvo tiempo de asimilarlo, porque fue arrastrada hasta Bogotá, la Atenas Suramericana. Atenas, porque estaba hecha ruinas. Allí trabajó en la Televisión y comenzó a darse cuenta que la realidad era muy distinta a la ficción epistolar de su querido Pedro. Los anhelos de Fanny eran muchos y la vida cultural de Bogotá, muy reducida la crisis tocó fondo y Fanny quería regresar a la Argentina. Pero Cali volvió a cruzarse en su camino y allí el amor sí fue cosa seria.
Fanny se enamoró de Cali. Se enamoró de su gente, de su clima, del olor de las flores, del río que la parte en dos. Y se enamoró de Bellas Artes. En su edificio, fundado por el legendario Antonio María Valencia, funcionaba el Teatro Escuela de Cali, donde comenzaría a trabajar, acompañada por Pedro I. y Enrique Buenaventura. Fue la época de oro del teatro en la capital del Valle. Colombia, hasta ese momento, había tenido un tímido desarrollo escénico, gracias al impulso de figuras como Fausto Cabrera, Cayetano Luca de Tena, José Pratt o Seki Sano. Pero lo que se vivió en Cali fue una verdadera explosión cultural. De la mano de Fanny, la ciudad se transformó, de ser "la capital deportiva de Colombia", o "la sonrisa de Dios sobre la Tierra" en el epicentro de los primeros Festivales de Arte que se hacían en el país. Todas las energías de Fanny se concentraron en su actividad como actriz y en una eficaz y sorprendente capacidad de convertirse en una promotora cultural sin parangón en Colombia. Gracias a los Festivales de Arte, se logró consolidar, no sólo un público interesado por las actividades culturales, sino también un grupo estable, llamado desde ese momento el Teatro Experimental de Cali. El grupo realizó una actividad continua y sin precedentes en el país, con temporadas de dos y tres meses con piezas del repertorio clásico, estimulando a unos espectadores de todas las edades y de todos los estratos sociales para que asistieran con entusiasmo al Teatro municipal de la ciudad. Rápidamente, el esfuerzo se extendió a todo el país. Fanny se encargó de recaudar los fondos y las energías para que la actividad del T.E.C. no se detuviese y Colombia entera pudiese ser testigo del mundo de Giraudoux, de Shakespeare, de Lope de Vega, de García Lorca o de Enrique Buenaventura.
De su paso por el T.E.C... quedaron muchas cosas: un número considerable de piezas clásicas y de dramaturgia nacional, el desafío de presentar Edipo Rey en la Plaza de Bolivar en Bogotá, el desplazamiento de todo el grupo a Francia para presentar A la Diestra de Dios Padre de Carrasquilla/Buenaventura en el Teatro de las Naciones, la consolidación de un repertorio con títulos como Sueños de una Noche de Verano, El Amor de los Cuatro Curoneles, La Loca de Chaillot, La Discreta Enamorada, [a Zorra y las Uvas, La Casa de Bernarda Alba, Arsénico y Encaje, La Fierecilla Domada, El Lecho Nupcial o El Bello Indiferente. Quedó todo esto, pero también quedó el nombre de Fanny, convertido en una pieza imprescindible para el desarrollo de la actividades escénicas en el país. Fanny Mikey comenzó a ser colombiana en Cali. Se confirmó como actriz. Dejó su huella de hembra feliz por cada una de sus calles. Puso a alucinar a una ciudad al ritmo de sus pasos. Aprendió a bailar salsa y entendió que hacer teatro era posible en cualquier parte, siempre y cuando la constancia venciese lo que la dicha no alcanzase. La suerte no volvería a abandonarla.