Los 50's

Una actriz se prepara
por Sandro Romero Rey
Tomado del Libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)

Los 50'sLa Segunda Guerra Mundial había terminado y, poco a poco, el teatro que se escribía y se representaba en Europa y Estados Unidos por aquella época, comenzaba a llegar a la Argentina. En Buenos Aires, había dos tipos de teatro: el teatro comercial que se hacía en la Calle Corrientes y el teatro independiente. El llamado "teatro independiente argentino" dio a conocer en el Cono Sur a autores como Arthur Miller o Eugene O'neill, con tanto éxito, que luego los empresarios decidieron llevar estas piezas a la Calle Corrientes.

Mientras los escenarios en Buenos Aires continuaban su euforia de representaciones y consolidación de un público, un padre judío se dedicaba noche tras noche a leerle poemas y cuentos a su hija mayor. La niña se llamaba Fanny. Tiempo después, cuanclo la niña tenia nueve años, el padre se tomaría el trabajo de llevarla a una sala donde se presentaba el gran cómico Pepe Arias. El padre nunca imaginaría que, desde ese momento, el mundo ca¦nbiaría para siempre en el corazón de la pequeña Fánny. A partir de entonces, el teatro y la vida comenzaron a ser, para ella, una sola cosa. Qué era ese extraño universo en el cual un puñado de seres humanos como cualquiera se empeñaba cn representar, noche tras noche, historias que estaban más allá de la vida pero que, en el fondo, eran la vida misma? El padre de Fanny, nunca le dio la respuesta. Después de llevarla al teatro a ver a Pepe Arias nunca más la acompañaría a un escenario, ni como espectador, ni como testigo de los logros actorales de su hija.

Cuando Fanny cumplió quince años, se hizo socia de un club judío. Un club muy importante, con más de cuarenta mil socios. Era tan importante, que hasta cristianos también estaban allí. En aquel club, se dictaban conferencias, se invitaban personalidades de todo el mundo, se presentaba cine, se daban espectáculos y, por supuesto, se hacía teatro. Un día, la pequeña Fanny, pelo negro, cincuenta de cintura, picarona, acompañó a su amiga Lea Luher a visitar a su novio, director de teatro. Este, al ver a la joven reicién llegada, le pidió que subiera al escenario e hiciera una i¦nprovisación. Con la irresponsabilidad de los quince años, Fanny subió a escena por primera vez y, como por encanto, comenzo a aullar una dolorosa situación en la que una mujer pedía trabajo, lloraba por sus hijos pequenos y se destrozaba el alma. Alli fue Troya. E1 director, Leo Fiber, le pidió a Fanny que se quedara trabajando en el grupo y la invitó a actuar en el montaje de Los Guardianes de las Murallas de Saroyan. Fanny se sintió feliz. Y decidió que ese pequeño juego había que tomarlo muy en serio. Así que comenzó a asistir a las clases que en la Sociedaci Hebráica Argentina dictaba la gran Heidy Crilla. Heldy Crilla, maestra de futuras figuritas corno Norma Leandro o Cipe Lincovsky, se enamoró también de Fanny y le dio un personaje en su versión de La Darna del Alba de Alejandro Casona. Al principio hubo celos y recelos entre los actores por la recién llegada, pero, a raíz del éxito con las catorce funciones de dicha obra, Fanny se quedó en el grupo y se ganó el derecho de actuar en un nuevo montaje, esta vez Llegaron a una Cindad de Priestley.

Entonces, apareció en el panorama el director Reynaldo D'amore. Fanny trabajaría con él, en la época en que grandes actores y directores estaban en la Hebráica: Roberto Durán, Juan Carlos Gené, Pedro I. Martínez (no se olviden de este nombre, estimados lectores), David Stivel, Zulema Catz o Laura Hidalgo. Una vez, que la Sociedad Hebráica le prohibió una obra a D´amore (Oficina 408), llegó la posibilidad, como caida del cielo, de viajar al Perú e "inventarse" el teatro en aquel país. Pero llegó el amor cuando Fanny se disponía a hacer maletas y Gastón se le enredó en su vida Así como lo oyen. Gastón, a secas. Se le enredó tanto, que tuvo que decidirse entre el teatro o el matrimonio y, como decían los romanos, "omnia vincit amor". Sin embargo, el amor es una cosa y la pasión es otra. Fanny aguantó dos años su discreta vida de trabajadora de una empresa y de paciente ama de casa. Pero los domingos, se encerraba en el baño a leer en voz alta textos de Moliere y escenas enteras de Shakespeare. El incurable virus del teatro se habia quedado enquistado para siempre en ella y Fanny comenzó a sufrir como nadie sus efectos. Hasta que no pudo más y le pidió a su Gastón que la dejara regresar a las tablas. Su marido, prudente e iluso, le pidió un año de tregua, pues, para él, las dos cosas eran irreconciliables. Fanny aceptó por fuera, pero renunció por dentro. Desde aquel momcnto, sufrió de migrañas, alteró su cuerpo y dejó de dormir, micntras pensaba noche a noche en su futuro. Y tomó la decisión. Una semana antes de responderle a Gastón, Fanny había hecho una audición en el Teatro Odeón de Buenos lvires y había sido aceptada. Nada pudo hacer su marido. La suerte estaba echada y Fanny era, por encima de todo, una actriz. Se fue de casa y regresó al teatro. Pero Gastón insistió. Fanny actuó en Yerma por aquellos días y, como Yerma, sufrió las consecuencias del amor herido. Su marido le suplicó que regresara y Fanny regresó, sólo para darse cuenta que el dolor y el cariño podían estar compuestos de la misma sangre. En ese momento, entendió, por primera vez, que uno nunca debe mirar hacia atrás y mucho menos, creer que se puede resucitar lo que ya ha muerto. Gastón agredió desesperado a Fanny, mientras ella gritaba y los vecinos cerraban las ventarlas "porque uno no se debe meter en la vida de las parejas". Fanny Mikey tomó, una vez más, una decisión radical. Agarró unos trapos cualquiera, los echó en una ¦naleta y, sin decir adiós, se fue de casa. Perdió sus libros, su hogar, su ropa y su pasado. Fue la primera pérdida de su vida por el teatro. Pero la mala espina nunca la ha acompañado. Como no hay mal que por bien no venga, el sacrificio tuvo sus compensaciones y, a pesar de haber regresado al hogar paterno, Fanny se daría cuenta, por siempre y para siempre, que el escenario, como un imán, se encargaría de atraparla, para no dcjarla regresar jamás. El gran teatro del mundo seguiría siendo su única verdad.