Fanny, el festival de arte de Cali
por Gonzalo Arango, apartes de su artículo para Cromos, Junio, 1965
Tomado del libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)

Si Cali no fuera Cali, sería el cielo, o una mujer. Entonces se llamaría Fanny, Sixta, Martha o Maritza.
Que Dios me perdone, pero no puedo separar nada de lo que amo de un rostro de mujer. Por ejemplo, cuando era creyente, pensaba que la Virgen era Dios, y mi complejo de Edipo teológico era para la Inmaculada. Mi nostalgia del paraíso es una Eva desvestida a la última moda, inventando trucos para vestirse con Adán. Y cuando pienso en el Festival de Arte de Cali, ¿en quién voy a pensar sino en Fanny?
Esta artista se ha vuelto un símbolo, un imperativo de la acción, un dinamo que mueve mil cosas y personas con el pensamiento, una hecatombe, una Biblia, una filosofía del método para-llevar a la práctica esa pesadilla de la imaginación que es el Festival de Arte de Cali.
Para que sea posible esa aventura espiritual ha sacrificado el sueño, la identidad, su pertenencia, y a su marido, quien desde el día en que Fanny es elegida coordinadora desde luego, unánimemente, se resigna a dormir solo, comer solo, hablar solo, aburrirse sólo, y todo solo, excepto ciertas cosas que solo se pueden hacer entre dos.
Pues el pobre marido entra a casa cuando Fanny sale; o sale cuando Fanny entra Al fin vuelve a capturar a su mujer cuando ella ya no existe, o está desintegrada en el Nirvana, es decir, cuando el Festival termina. Entonces, de la cabecera de la cama cuelga un diploma que bien podría ser un epitafio. Reza cariñosamente:
"La ciudad de Cali, a Fanny, en gratitud"
Fanny solamente, amorosamente, a secas, como la verdad. Pues esta mujer a quien el gobernador le dice Fanny, el obispo le dice Fanny, y sólo Pedro le dice mi amor, ha terminado por perder su apellido como Desquite, como Rasputín, como X-504. Se ha vuelto un símbolo de lo más puramente caleño como el TEC, o la Manuelita.
Fanny es de esos seres tan vitales que con su energía, Colombia podría mandar su primer cohete a la Luna. Incluso uno puede imaginarse perfectamente que Dios, después de hacer de la nada a ese monumento que es Fanny, se acostó a hacer la siesta y se durmió sobre los laureles.
Esta mujer inolvidable
A Fanny le gustaría que la olvidaran, que la dejaran hacer sus cosas en silencio, sin bulla, sin ostentación. Pero desgraciadamente, ella es inolvidable. Por ejemplo en su estatura, a la que hay que llegar en ascensor, o como llegó el inspirado poeta Camacho Ramírez, quien para poderla admirar tuvo que hacerle el poema más largo y más caro de la literatura colombiana La Vida Pública. O como Nereo, que para retratarla de cuerpo entero se tuvo que subir en el trípode. O como yo, que para llegar al hombro de Fanny me encaramé sobre mi complejo de superioridad.
¡Poetas...artistas... nadaístas...empeñen el honor... hipotequen la conciencia...escriban un soneto, un cuento comprometido, una radionovela Palmolive, gánese el Premio Esso. Todos los medios son licitos para ir a Cali. El Festival de Arte nos hará olvidar nuestra mala literatura pasada!
¡Compatriotas! Si se quieren sentir orgullosos de ser colombianos, si quieren tener idea de lo que es una patria con majestad, con cultura y con un gran pueblo, vayan a Cali y verán que Colombia puede ser, que Colombia es la mejor de las patrias posibles.
Y si se aburren, yo pago sus gastos con mi cabeza. De todos modos yo siempre pierdo la cabeza en Cali, y hasta el corazón. ¡Felizmente!.




